Bestia bostezó perezosamente, mientras que la miraba con los ojos entornados, y se desperezaba.
Se desabrochó la camisa casi hasta el ombligo cuando llegó al sofá. Se dejó caer, y su pelo y su ropa se sacudió lenta y graciosamente. Bestia caminó hacia ella y se puso en su regazo, dándole la bienvenida.
Ayira abrió entonces los ojos, la miró complacida y después su mirada se desvió hacia la leja de la mesita que tenía frente a ella. Todavía le quedaba algo de maría. Hacía mucho que no fumaba, y aquel día se merecia un soplo de libertad.
Cogió los materiales y se puso a trabajar. Un último esfuerzo.
Necesitaba ambientar aquéllo, y con el porro en la mano se dirigió hacia la columna de CDs apilados. Recorrió su dedo por todos ellos y paró en uno de mezclas de nirvana. Aquél CD tendría unos 10 años, y desde que lo grabó no lo volvió a escuchar. Lo puso en la minicadena y buscó el mechero.
Acabó registrando en la cocina alguna cerilla.
Las primeras caladas siempre son el aperitivo... Poco a poco iba apreciando el sabor, la sutileza de matices de la planta, y poco a poco iba regresando al estado básico que siempre conseguía. Con esa música de fondo, parecía que volvía a su adolescencia, tan oscura y sinsentido, pero desde otro punto de vista. Seguía siendo algo pesimista, pero feliz.
Un suave oleaje parecía sacudirla en el sofá. Las notas se hacían densas y casi visibles, aparecían y desaparecían en ondas. A veces tenían forma de un calamar abstracto que intentaba chocar con su pantalla de visión. Los brazos iban desapareciendo, los sentía pero a un par de centrímetros bajo su piel. Los pies los miraba desde lejos. Estaban ahí, frente a ella, sobre la mesa, moviéndose con un ritmo tranquilo, y parecían ser de otra persona. Demasiado tiempo mirándolos. Los bajó al suelo, y se recostó más en el sofá.
Cerró los ojos.
Al poco, notó presión en sus muslos, demasiada como para que fuese su peludo compañero. Sonaba "Come as you are". Entornó los ojos y vió unas manos fuertes masajeando sus piernas. Era Zac.
En ese momento no entendía nada. Pensó que en el fondo Zac era un perturbado que alquilaba su casa a mujeres para luego espiarlas y violarlas. En ese momento, alzó unos ojos sumisos y claros, pero a la vez llenos de promiscuidad, deseo. La miró fijamente y la reacción de ella fue acariciarle el pelo, como si le concediese el placer de disfrutar con sus piernas.
Zac pasó aquella tarde por allí para coger unas herramientas de dibujo que le hacían falta. Se dió cuenta de la presencia de Ayira por la música, entonces entró al salón. La vió allí tumbada, tan estasiada, con la camisa abierta... Se le cayó la chusta que llevaba entre los labios. Le encantaba su ombligo. El sujetador negro hacía que sus pechos resaltasen más con la luz de la lamparita. Estaba preciosa.
Entreabrió su boca y acarició los labios con su lengua. Provocó un sosegado suspiro. Le encantaba hacer que se sintiera cómoda. Y la combinación de la droga y el sexo era perfecta. Disfrutaba el momento, despacio, intentando transmitirle todo el placer que él sentía haciéndola feliz. Cada lametazo era mejor que el anterior.
Si hubiese sido en otro momento, le hubiera impedido que continuase. Pero era tan perfecto todo que no quería alterar ni las motas de polvo que estaban en suspensión en la habitación.
Cuando los suspiros se transformaron en fuertes gemidos, Zac la cogió en peso mientras la besaba y la llevó a la habitación.
Afortunadamente, allí se había dejado un litro de cerveza y su mochila. Había comprado un par de cosas en la tienda que le pillaba de camino, y casualmente tenía chocolate.
Sirope de chocolate."