De tanto andar, aprendes, y desaprendes en ocasiones, pero sobre todo caes. La primera vez piensas que es un error; la segunda, que es casualidad; la tercera, que parece que ésto sigue un patrón. Hasta que no llegas a esa conclusión no empiezas a llevar cuidado y a ir aprendiendo del error de no mirar.
Y llega el punto en el que necesitas salir y dejar de avanzar. El agobio, la desesperación, acaban royendo por encima del ombligo, se hace un agujero punzante que pocas veces deja taparse. La cabeza es un enorme huracán compuesto de ideas, sentimientos y pensamientos imposibles de organizar y recolocar. Y claro, a ver quién intenta meter ahí información racional...
Imposible explicar el por qué ni cómo he llegado a ésto, ni lo mucho que dueles.