Ayer de nuevo a la rutina, cada vez más y más odiada. Deseando de salir de aquí, creo que sería mejor para todos.
Pienso y me veo cerca de un acantilado, al lado del faro. Tumbada sobre la barandilla de madera, las piernas entrelazadas con el palo superior, como si fuese un perezoso. La música y las estrellas. Salí poco antes tras un rato de estudio y un café, activa completamente. Las 1 y media y aún no se veía ninguna. - "Quince minutos mas y me voy" +"¿A dónde, si no tienes sueño?" - "En efecto...". Y al momento, la primera, enorme, grandísima y sobre todo fugaz, con dos largas colas paralelas. No pude evitar un "ahhhla!" en medio de la nada. Y con cara de idiota, seguí otros tres cuartos de hora esperándolas. Como si fuese una cría, ahora sentada en la baranda, las piernas colgando divertidas y el cigarro en la mano, esperaba un par más que se quisieran despedir de mí. No quería irme de aquel lugar, pero algo dentro de mi cabeza me empujaba hacia casa (seguramente la parte que se ocupa del comfort de mi espalda). Dí una vuelta graciosa antes de llegar a casa. Los ojos como platos, andando por la arena, mojándome con las diminutas olas que morían a mis pies.
Al llegar a casa, la gula me gritaba. El día terminó en el sofá, comiendome el mejor helado del mundo, y a la vez el que peor diseñado está, viendo dibujos animados sobre las 4 de la madrugada. No sé cómo pude dormir, ni cómo fui capaz de despertarme a las 6 y pico, poder apagar la tele e irme a dormir un par de horas más a la cama.
Cada vez lo necesito más amenudo
Aquí un nuevo amigo invasor, Percnon gibbesi

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