lunes, 20 de mayo de 2013

"Un día, todo y nada cambió. En el mismo autobús, la misma hora y el mismo asiento. El mismo chico. Cruces de miradas. Pero esta vez fue distinto. Cuando alzó los ojos, le miró casi paralizada, intentando expresarle en ovillo enredado de pensamientos que fluían bastante mal en su cabeza. Rápidamente volvió a observar el paisaje.
En la siguiente parada, la suya, bajó sin volver a mirarle y con el ceño frundido. Cuando ya se alejaba lo suficiente de la parada y de los pensamientos que le invadían en el autobús, oyó una voz a lo lejos. Era él.

-¡Eh! ¡Espera! - dijo mientras se acercaba a ella trotando.
-¿Sí? -dijo ella extrañada.
- Hola, sólo quería saludarte.-tras una breve pausa para tomar aire, y presentando unos ojos azules, con extrañeza, continuó- Y, si no te parece demasiado atrevido, me gustaría saber qué te pasa, qué pensabas cuando me mirabas en el autobús.

Ella, tomó aire mirando sus zapatos. Levantó la cabeza y sonrió levemente.

- Qué más da qué hubiese pasado por mi cabeza. Cualquier cosa que te diga hará cambiar lo que pienses respecto a mi, no se parecerá a lo que crees que maquinaba y sea lo que sea, será una decepción. Mi respuesta es el silencio. Si soy responsable de ésto, prefiero que se quede en una mirada en un autobús. Buenas tardes.

Se alejó tranquilamente, con sus rizos botando a cada paso, atenta al suelo. Él, en una terraza de bar, la siguió con los ojos, estático, hasta que dobló la esquina. No admiraba su melena, ni su andar, ni sus caderas. Veía sus ojos y la verdad que había en ellos. No le gustaba aunque tuviera unas pestañas larguísimas, y unos labios perfectos; le encantó aquel momento. Fuera de lo común, como si hubieran escapado del tiempo por unos segundos y ahora, cayese poco a poco a la realidad que le sustentaba normalmente. Para él, era lo que para los católicos podría ser un ángel. Una persona asexuada. No era tan importante ella como aquel momento y aquellas palabras.

Se dió la vuelta y continuó su camino, esta vez andando. Analizó cada palabra que salió de su boca. Tardó tres cuartos de hora en llegar a casa, y apensa fue consciente de ello.
Esos ojos..."

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