Si hubieses sido honesto desde el principio, no habrían tragedias.
Ni yo aquí.
Ni la libertad en mi pelo.
Ni el mundo en mis ojos.
Ni tanta gente en mi camino.
Ni deseos en mis lecho.
Ni mi rata en su nido.
Ni ellos en ese lugar de mi cabeza.
Ni mis botas desgastadas.
Ni mis pulmones envenenados.
Ni tantos en contra.
Ni mi locura...
ni la tuya.
No te doy las gracias por ello, todo esto no merece la pena si ha sido por llevar una idea mal definida al estado de tumor incurable.
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