jueves, 20 de diciembre de 2012

Oceans

Es tan previsible...

Siempre tan igual...

Primero sol, agua calma y cristalina,

y de repente... todo se nubla, y parece que todo se va a acabar. Una sombra lo cubre todo, parece que el mar deja ver sus entrañas de la manera que realmente son. Los peces profundizan y desaparecen, la posidonia se agita nerviosa, y tiburones aletean inquietos.
Unos instantes de silencio ensordecedor, de pensamientos acumulados, de mentes que gritan, de nervios, de ansiedad, de conmoción, de miedo,

y por fin una fina llovizna rompe la tensión. Suave, se posa en la superficie de la gran masa de agua, salpicando levemente, hasta que una rabia irracional invade la nube y escupe con rabia y fuerza, cada vez más gotas, sobre el mar.
Pero no es suficiente, demasiado odio contenido, llegan los rayos, relampaguea el cielo, y algún animal marino se atreve a saltar, aturdido.


Los truenos parecen querer llegar hasta las profundidades, que se oiga la angustia.



Tras unos minutos de caos, de sacudidas, la energía se agota. Ya no queda más.

Ya no hay nada que hacer. Sólo desvanecerse y dejar que llegue la luz.




Como siempre.


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