" Como empezar a escuchar un disco desde el principio, me dejo llevar por las suaves notas, que me mecen pausadamente con un leve balanceo, avanzando hacia ningún lado.
Lleva sonando mucho tiempo, pero hoy me paro a escuchar. Porque hace tiempo que no la oigo. Ya no recuerdo su voz. No sé qué perfume llevaba, si iba desnuda o vestida.
Ya no cabe aquí para poder arroparme por las noches.
No sé quién se la ha llevado. Quizá haya conseguido escapar; quizá me haya aborrecido.
No se le ocurría qué más decir. Le había dedicado demasiadas líneas a aquella zorra y tenía la cabeza muy abstraida como para profundizar en aquel tema. Metió instintivamente la mano en el bolsillo de su pantalón, buscando el mechero y el paquete de tabaco. Alzó la vista y como si la realidad le diese una bofetada, vió que estaba en el autobús.
Esperó, muy intranquila, hasta la penúltima parada. Ansiosa. La mujer de enfrente la estaba poniendo nerviosa. La miraba cada 10 segundos, esperando que sus ojos se encontrasen y entablar una conversación. Se puso los auriculares, cogió un libro, pero las pupilas de aquel ser odioso no dejaban de escudriñar sajando cada centímetro de su piel descubierta. Se levantó, cogió un hacha con un mango tan largo como su pierna entera y se lo clavó en el pecho. Después, vació las cuencas de sus ojos con la ayuda únicamente de su mano izquierda.
Cuando la mujer pudo reaccionar y empezar a gritar, Ayira despertó de su fantasía. Estaba viendo todo aquello gracias a una pantalla de negro sobre blanco. Se levantó y pulsó el botón rojo.
Volvió a imaginar que ese trozo de plástico haría estallar el autobús en mil pedazos en cuanto se cerrase la puerta tras salir. Y sonrió.
Salió con el cigarro en la boca y antes de poner los dos pies en la acera, su porro ya estaba encendido. Caminó tranquila, la droga hacía su efecto. Y se sentía bien, porque aquel tipo de fantasía, la del autobús, hacía tiempo que no la tenía. Cada vez era menos frecuente, lo que le hacía pensar en Naga.
Se dirigía a su nueva casa.Se la había alquilado a Zac, estaba a las afueras de la ciudad. Sólo quería comprobar qué tal es la vida fuera de su piso, que aún conservaba. Tampoco le molestaba demasiado la idea de que el propietario se pasase por allí de vez en cuando, pero no tuvo oportunidad de sentirse incómoda. No apareció por allí en semanas.
No muy lejos de su nuevo hogar había un acantilado. Pasó por delante de su portal, sin mirarlo siquiera y fue directa allí. Se sentó en el borde. Era perfecto. Las rocas estaban especialmente moldeadas para su trasero. Llegaban a ser cómodas.
Era de noche y sólo veía alguna luz en el horizonte, algo de iluminación sobre las piedras de su alrededor y la ciudad a unos kilómetros de su espalda.
Estaba sola."
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