"Sólo eres una hipócrita más. Un ser egocéntrico, que busca ansiadamente cualquier estimulo que le haga sentir algo. Por eso solo te remueven las tripas si ves con tus propios ojos cómo rajan a un niño. Estás tan acostumbrada a la mierda del mundo que comes tranquilamente viendo mutilaciones en las noticias, y ni tan siquiera prestas atención al reportaje. Las imágenes corren por la pantalla y tus ojos, huecos, dejan pasar la luz. Tu estómago, el gordo insoportable es feliz mientras haya alimento que procesar. Hace mucho que no hace huelga de hambre.
Estás entre la sociedad y tú. Por eso estás tan perdida. Intentas relacionarte con la primera, pero no puedes cambiarte. Por eso te llaman rara. Por eso nunca estás cómoda ni en el sitio apropiado. Por este motivo tus ataques de odio espontáneos y sinsentido. Por eso nunca haces nada de lo que deberías ni tampoco de lo que verdaderamente quieres hacer.
Un peso mórbido te lo impide.
La pereza es una manta obesa y cubierta en su superficie de pelo suave y cálido.
Un día, algo hará que tengas calor. Te quitarás la manta, y verás la realidad con los rayos del sol y no bajo la luz de neon. Pasarás hambre, porque tu estómago ha cerrado temporalmente. Intentarás hacer algo de comer, volver a la rutina, algo de música y de sabor. Machacarás unos cuantos ajos con el mortero y verás que en realidad estás matando a golpes de mazo a decenas de personas que están en el fondo de ese cuenco.
La humanidad te perseguirá hasta hacerte enloquecer. Nadie comprenderá tu rabia, ni por qué has dejado de comer.
Cogerás algo afilado, y tatuarás a lo largo de tu torso unas palabras: "Todos somos un gran error dentro de este planeta, algo ínfimo que está dañando todo a su paso. No quiero seguir perteneciendo a esta raza. Quiero formar parte del mundo sin joderlo. Mi última voluntad es que mi cuerpo repose bajo algún árbol, que sirva de alimento para los chacales o los buitres del Himalaya."
No serán unas "últimas palabras". Será lo que es y lo que quieres que hagan contigo cuando tú no puedas. Las palabras son para las personas y por las personas, ése no es tu propósito.
Buscarás el acantilado más escarpado, cerca del mar, donde tu cuerpo pueda perderse fácilmente.
Pasarás el día amando por última vez aquel lugar.
Anochecerá. Te acercarás al acantilado, tomarás un último aliento y te dejarás caer, disfrutando del aire que te golpea y que poco a poco te deja inconsciente.
Tu cuerpo será encontrado unos días después, en avanzado estado de descomposición, y nadie hará caso de la inscripción de tu pecho. Te incinerarán, como al resto del mundo "civilizado", y será una muerte triste más. Como muchas otras. Porque no eres nada excepcional. Tampoco hiciste nada excepcional."
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