Hay que ver que pronto se nos olvidan los gritos que damos, las ofensas. Hay que ver lo poco que nos gustan las malas caras, y la rápida solución que le damos: no mirar. Hay que ver qué fácil es ofenderse y echar la culpa a otros, lo fácil que es quejarse pero lo que cuesta oir las quejas de los demás. Hay que ver lo que cuesta llegar a las personas.
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