Se veía despejado, pero en cuestión de una media hora se empezó a nublar el cielo. Me apuré en recoger todo rápidamente para cuando empezase a llover, tener que quitar lo mínimo. Dicho y hecho. Observé las primeras gotas a través de la aceitera, y ´recargué más las energias. Me movía como un rayo... Me gusta sentirme ágil. Cuando el viento y la lluvia se hacían molestos la gente decidió entrar y me tocó recoger lo que quedaba. Me hubiese gustado quedarme un rato más mojándome, pero las mamás no quieren que nos mojemos. Me quedé con un cliente bajo el toldo disfrutando de la lluvia y el olor que dejaba. Daba gusto ver como salpicaba.
Al llegar a casa y observar la periferia todo se veía más claro, como amanecer tras una noche de discusiones.
Sin embargo ahora luce un sol perfecto, sin demasiada luz, apropiado para el estado de ánimo. Hoy me siento bien, ni bien con demasiada alegría ni para decir un "no puedo quejarme". Esa frase siempre esconde un "tengo problemas", aunque sean leves.
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