Hay pocas, incluso podría decir que ninguna cosa de la que me haya arrepentido más que de ésto. Normalmente suelo pensar que si algo hice mal, o no hice en su momento, en cierta manera pudo haber intervenido para mi situación actual que creo es bastante buena. O buena. El pensar qué podría haber pasado si hubiese actuado mejor es una idiotez, una manera de torturarse a sí mismo. Pero ésto sé que ha hecho empeorar el futuro.
Para nada lo he dejado pasar, que podría teniendo en cuenta el pasotismo que me caracteriza en ciertos aspectos, pero no. Algo me lo impide. No me aportará nada el no haber hablado aquel día seriamente, el seguir encerrada en mí misma, ajena al resto porque siempre he pensado que me preocupaba bastante por el resto. La costumbre.
La costumbre es de las peores cosas que la sociedad ha creado. Nos hace inofensivos y nos desorienta ante cualquier pequeño cambio. ¿Qué tiene de bueno la comodidad de predecir cada día lo que va a pasar, el cómo reaccionará la gente, si en cualquier momento todo puede cambiar? Los meteoritos existen, aún no podemos (afortunadamente) controlar los cambios atmosféricos y muchas de las cosas que condiciona nuestro medio. ¿Y qué tiene de bueno si el remedio es peor que la enfermedad? La rutina suele alterar al ser humano. Al final siempre buscamos alguna vía de escape, ya sea cambiar de hábitat por un periodo corto de tiempo, buscar infinitas actividades para tener la cabeza ocupada y no pensar en lo tediosa que es tu vida, incluso cayendo en vicios y delitos.
En fin, parrafada para desviarme del tema.
Le echo muchísimo de menos y es algo que no suele ocurrir. No puedo cambiarlo de ninguna manera y eso hace que duela aún más. Impotencia.
Y lo peor, lo que más temo es que se vuelva a repetir. Este tema está zanjado, no hay vuelta de hoja ni nada que hacer para volver a la relación anterior. No sirve de nada arrepentirme una y otra vez, decir que no volvería a pasar, que cuidaría cada una de mis palabras, que pensaría antes de hablar, que sería más altruista, que estaría toda la vida haciéndole ver que puedo ser distinta con él, que no soy tan hija de puta. No puedo prometer cosas que no sé si podré cumplir, no me gusta mentir, y decir todas esas cosas sería engañar, a él y a mi. Porque en cualquier momento puedo bajar la guardia, porque no puedo predecir lo que va a pasar y las condiciones a las que me voy a exponer. Eso es algo que nunca haría, prometer que haré esto, que seré lo otro. Que lo intentaré, sí, siempre y con todas mis fuerzas. Tanta mierda como ésta me hace pensar en cambiar al menos lo de fuera. Pero no puedo hacer absolutamente nada, la he cagado, fin.
Lo razonable sería que aprendiese la lección y mirase con más cuidado los escalones que construyen con alegría y aleatoriamente por mi camino. Sería lo normal, pero ahí está LO peor, me daré de bruces en cuanto levanten el primer ladrillo, aunque esté en medio de un camino tan ancho como la gilipollez que me caracteriza.
No sabía que podría dejar un vacío tan grande, ni si quiera me lo planteé en ningún momento.
Nunca una amistad me había descolocado tanto el cuerpo.

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