De esos días en los que te sientes terriblemente ¿idiota?.
Pues eso.
Inutilidad.
Asqueo.
A dormir.
Debería escribir a todos los que pasan por mi cabeza en este momento.
Insultarles, quejarme de este mundo hastiado y del desánimo.
Seguro,
y digo seguro que mañana me arrepentiría de contactar con él, cualquier
cosa que saliese de mi boca sería para influenciarle de mala manera.
O
de mandarle un email a aquél otro, diciéndole que le recuerdo con
cariño, que aquel fin de semana me sentó cuerdamente bien, pero que
probablemente nunca tenga la iniciativa de querer repetirlo.
Conseguir
su número e intentar quedar con él para aislarme de todo esto por una
noche, y cansarme, y quemarme, y no arrepentirme, y querer más.
Ir
a por ella y centrarla, que me hable y me diga qué pasa por su cabeza,
si se dedica a jugar conmigo o es que he vuelto a hacer algo de lo que
no soy consciente.
Recordarle que es un chico encantador y que me
siento tranquila, segura y cómoda con él, aunque la tensión sea como
para cortarla con una motosierra. Y, seguramente, rendirme una vez más.
Sorprenderla y contarle tranquilamente todo lo que me ha pasado y le he omitido. Decirle lo que me revienta de su situación.
Reunirlos a todos y obligarles a tomar una decisión.
Todo es posible cuando me encuentro así. Afortunadamente, no tengo el catalizador para hacer ninguna de esas cosas.

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