jueves, 26 de abril de 2012

No parar

Levántarse, ducharse, pasar frío, y asegurarte de que tu humor sigue intacto desde ayer. Llegas a la facultad y al cabo de un rato, entra por la puerta y hace que te calmes en cierta manera. Le sonríes, y poco después te das cuenta de su fragilidad. Una hora de clase, y el mal rollo se debilita. Entras y sales mil veces de la biblioteca, hasta que acabas bebiendo en el amado césped, con algo más de ánimo.
Siguen acudiendo personas, y cada vez se hace más borroso aquél pensamiento que te invadía durante el trayecto en autobús.
Lo que se supone que iba a ser un día productivo, se convierte en un dejarse llevar. Estimadas cuatro horas lectivas, de las que sólo acudes a una, no obligatoria.
Tras la comida te ves sentada en el coche y camino de hacer una rutilla, con la compañía de cuatro personas. Aunque te de pereza, a veces aceptas y sabes que ha sido la mejor elección, que si no fuese por esos pequeños planes te habrías perdido mil cosas, y te las sigues perdiendo.
Como siempre, te quedas atrás a la hora de subir monte, pero es tan gratificante el hacerlo que cuando llegas a la zona más alta, sólo piensas en seguir escalando las rocas inaccesibles de la cima. Y al bajar, te sientes más liviana porque parte de los fantasmas se quedaron arriba. La vuelta la haces prácticamente a saltos, danzando. Te maravillas con las cosas que puedes llegar a saber al final de esta hermosa carrera, y le admiras. Te encantaria que fuese tu profesor particular y en cierto modo entrenador, y poder ser consciente de todo lo que te rodea y poder averiguar lo que ignoras, y aprender a moverte entre los árboles como si fueses el mismísimo Tarzán. Y ella, ves su libertad y sus ganas y te tranquiliza solo con percibirlo.
Tus piernas te piden más cuando el viaje finaliza. La idea de volver a la silla y ordenador te agrada tanto como un dedo en el ojo.
Acabas echando un partido al baloncesto con tres amigos. Tu comodidad sigue intacta, e incluso aumenta. Correr, saltar, encestar (rara vez), arañar... Y esos ojos atrapan realmente. No te desagrada la idea de hacer aquéllo una o dos veces cada dos semanas.
Deberías estar agonizando en un rincón, pero continúas. Tras el partido, un té en lo alto de la facultad. Un té delicioso, tras unas horas de ejercicio es... ambrosía.
Pero aun después de esta parada tranquila, sigues tan activa como cuando bajabas resbalando por la falda de la montaña. Y en el autobús sientes unas ganas inmensas de invitar al chico que está dos asientos por detrás tuyo a tener una breve conversación, pero por pensarlo demasiado te pasas todo el viaje escuchando música, y parte de él imaginando que tocas la batería. Y aspiras.
Y por fín, el camino de regreso, parte de tí se lamenta de no aprovechar esa energía saludable con alguna persona en concreto y en alguna acción determinada, pero no te entristeces por ello.

 Sé que no es buen ejemplo, pero un cigarro tumbada y con la cabeza colgada de los pies de la cama, los pantalones en la otra punta del cuarto y la ventana entreabierta, te vuelve a hacer sonreir.

domingo, 22 de abril de 2012

Ventanillas entreabiertas

"Cerró la puerta con desánimo. No era él quien conducía esta vez, y pronto dejaría de importarle.
Ana entró después y se puso al volante, casi danzando, con ese nerviosismo alegre que la caracterizaba. Nadia, de copiloto, estaba más seria que de costumbre, y tranquila; a su lado Guillermo hacía rato que había entrado y esperaba a los demás con impaciencia.
Cuando estaban todos con los cinturones puestos, (siempre se cercioraba de que ninguno se había olvidado de ello) Ana metió las llaves y arrancó. A la segunda, aquel trasto parecía un enorme oso viejo recién despertado de la hibernación.
Cuando comenzaron a circular, charlaron sobre la mañana que cada uno había llevado, pero ninguno tenía fuerzas ni ánimos para mantener la conversación durante largo rato. Así que, cuando las voces empezaron a oirse con cada vez menos frecuencia, Nadia cogió su guitarra. Todos sabían que era uno de las múltiples cosas que siempre empieza y nunca acaba, que tocaría unos acordes, se cansaría y la dejaría abandonada de nuevo por no poder llegar a tocar una canción entera. Pero aún así, el cansancio que les unía les impedía a la vez reunir fuerzas para regar el sentimiento de reproche.
La desenfundó lentamente, acariciándola. La funda cayó sobre Guillermo, que la intentó mirar con rabia, pero sólo pudo apenas abrir un ojo y fruncir el ceño. La afinó, y al poco salió el sol entre las nubes, algo pálido. Sin darse cuenta, callaron por completo todos cuando empezó a tocar, y se limitaron a despejar sus mentes, simplemente escuchando lo que provocasen los delicados dedos de Nadia. Con la base de la guitarra casi saliendo por la ventanilla, empezó a tocar suave y torpemente una canción que nadie conocía. Ana borró la agitación que le quedaba en los ojos, y por el espejo retrovisor Lucas podía ver como los entrecerraba de placer. Guillermo había quedado K.O., sumido en un sueño muy profundo apenas podía articular algunas palabras que salían de su boca como si se tratase de ronroneos. Ana estaba ajena a todo, solo existía la guitarra, ella y el sol.
El polvo entraba a su antojo en oleadas intermitentes por la ventanilla del copiloto, iba tapando muy lentamente la desidia de la tapicería. Olor de tomillo y romero fueron buscando, en oleadas también, entre los mechones de Ana, la paz que antes la llenaba. La música ocultaba de preocupaciones la mente, y el estómago se llenaba de un cosquilleo incomprensible. En realidad, era entre el estómago y el pecho, a la altura del esternón, de manera difusa."

lunes, 16 de abril de 2012

Huertecico Parte 2, 3 y 4

Seguimos trabajando en el "proyecto" del huerto... Me sabe a frío el llamarlo por ese término, porque en realidad es un trabajo que estamos haciendo con todo el cariño del mundo.
En la Parte 2, coincidimos pocos de todos los que somos, y nos dimos una buena sesión de plantar cebollicas rojas y blancas, además de calabaza, calabacin, albahaca y demás... Volvimos a comer de lujo un potaje de acelgas, de la madre del cabecilla de grupo. No puedes imaginar una comida más gustosa, que te recuerde más a tu abuela, más apropiada para el momento. Rebañamos los platos.
En la Parte 3, quedamos un miércoles a medio día. Ya empezó a venir la gente de sus respectivas pequeñas vacaciones y tardamos poco en terminar. Nos dedicamos al maíz y a hacer un hoyo para poner una bañera como estanque. Plantamos también los cítricos delimitantes.
En la Parte 4, ayer, estuvimos también medio día trabajando en nuestro pequeño paraíso. Plantamos puerros ("porros") y zanahoria por semilla. Fue un día suave, en un par de horas habíamos terminado y estábamos regando. Una decepción fue al ver la bañera con una rana en el fondo. No le echamos agua a la bañera y con las lluvias de estos días se llenaría un poco. La pobre rana cayó en nuestra indeseada trampa :S
Por otro lado, seguimos viendo lombrices, lo cual es una buena noticia.
Además, llovió, y pudimos disfrutar de la merienda 7 personas en la parte trasera de una furgoneta :)
Es un lujazo tener un terreno en esta zona, con apenas tráfico. Al llegar te recibe con el sonido de las cintas tensadas entre dos palos, utilizadas para espantar a las aves que puedan ir a picotear. Cualquier metro cuadrado de tierra es cómodo para sentarse o tumbarse a deleitarse con el sonido de los pajarillos de alrededor, con la vista al cielo, la sombra de las nubes sobre las montañas o durmiendo un rato.

martes, 10 de abril de 2012

Encefalopatía espongiforme

Esta historia se me fue de las manos hace mucho. La mataré directamente, supongo, espero; algún día. Hay tanto que hablar sobre ella que no sé por donde seguir.

sábado, 7 de abril de 2012

Por fin





Cogí cuatro bultos y me fui. Como si le hubieran hecho un empalme a la correa, como si me hubieran dado 5 días más de vida.
Antes de emprender el viaje relativamente largo que me esperaba, me liberé de parte del veneno que llevaba arrastrando ya tiempo. Elegí también la banda sonora y disfruté de cada revolución del coche. Hoy, en casa, no suenan igual. Falta brisa húmeda, sol abrasador, botas y cuestas, sobra gente.
Decidí hacer una parada antes de llegar a casa, no tenía prisa. Comí en un trozo de cielo a los pies del mar.
Después de un agradable baño de sol, subí y bajé por donde buenamente podía, sin un motivo ni un fin.
Tras hacer el cabra un rato, me cansé y volví al punto donde me había quedado, muy muy lentamente (a 20 km/h como mucho en coche).

Lo primero que hice fue enfundarme en neopreno y darme un baño, agusto. El agua de Abril no es demasiado agradable, aún habiendo probado la de Fuente Caputa. Bien podía haberme duchado con el mismo traje, puto calentador...
Por las noches me calzaba los auriculares y mi banda sonora, y a correr (o pasear, según, no tenía prisa, reitero). Me dormía en el salón, envuelta en mantas, y los tres días con el canal infantil puesto. Sí, dibujos animados, si me voy a descansar no es para que me metan porquería de noticias anuales de Semana Santa, reportajes de mierder, películas de sobremesa, noticias deprimentes y demás porquería que podría salir de la caja tonta. Así que tranquilidad y pocos sobresaltos. En la imagen, mi perspectiva antes de dormir.

Por las mañanas desayuno haciendo algo de provecho, comprar o como el último día, correr por la arena. A ella le debo unas agujetas estupendas en el trasero. Antes de comer, a hacer hambre, o a tomarse el aperitivo en el rincón de la falda de algún acantilado, con algo de incienso, por qué no (así también se hace hambre).

Después de comer, siesta que podría durar hasta el mismo atardecer. No miraba demasiado el reloj, así que tampoco sé cuánto duraba lo que hacía en cada momento.

Era genial volver a casa después de darme una vuelta por donde se me ocurriese, a la hora que fuera, con lo que fuese que llevara puesto, sin dar explicaciones, abrir la puerta y ver mi nicho vacío. Sonreí como si aquella imagen me recordase a una noche calurosa de amor entre sábanas. Simplemente no había nadie y eso me provocaba un sentimiento agradable y sencillo. Sobre todo sencillo, ése es el adjetivo con el que podría calificar cada detalle de estos días.

Piel, sol, arena, rocas, mar, sudor, música, brisa... Luz tenue, un libro, un cigarro, envolverse en mantas... Libertad... Nadie.
Vinila para "contentarme", "Porcelain" de los Red Hot para el ratito del cigarro frente al mar, y ésta que quedará como el resumen de todo... Ni zorra de la traducción, me quedo con la sensación, recuerdos que me trae: mis botas caminando firme por las piedras irregulares, el aire mareando mi pelo, olores...
http://www.youtube.com/watch?v=iyHix2Yb0Vk






He vuelto no contenta, no lo creo. Pero sí satisfecha. Hacía tiempo que venía gritando la necesidad de pasar unos días sola. Sé que debería haber sido antes, pero nunca es tarde.

lunes, 2 de abril de 2012

Huertecico Parte1

Después de lo que me ha parecido siglos sin escribir, vengo con algo más realista de lo normal. Se trata de un proyecto que venimos dándole vueltas un tiempo y parecía que nunca llegaría el momento de ponerse manos a la obra. Se trata de una parcelilla de 4000 m cuadrados que estamos destinando a la agricultura ecológica.
Hemos obtenido ayuda de un par de (como yo los llamo) profesionales que nos han guiado fantásticamente y nos irán formando. Nos han hecho un plano de cómo sería la mejor manera de situar cada plantita según el ambiente en el que está situada la zona de cultivo (sol, viento, lluvias, fumigaciones ajenas,...).
El líder, como le digo cariñosamente, se ha encargado de buscar lo mejor para el huerto.

Este domingo fue la primera jornada intensiva (ya teníamos ganas de darle forma al terrreno). A las 8:45 más o menos llegamos a la zona de trabajo, y el líder nos fue informando de lo que teníamos para plantar, y de cómo los profesionales le habían explicado más o menos la mejor manera de hacerlo. La tierra ya la teníamos labrada y más o menos clara la planificación. Nos dedicamos a poner le seto que protegería a la plantación del viento y en lo posible, de los químicos que utilicen para fumigar los huertos vecinos.
Fue interesante el cómo nos organizamos tan rápida y fácilmente, de las ganas, el entusiasmo y el amor que poníamos en cada plantita. Suena a perroflauta, pero de verdad que nos encontrábamos bastante bien allí. Además fue el día bonito, porque muchas de las plantas eran aromáticas (tomillo, romero, lavanda, ajedrea), además de jara, mirto y lentisco, labiérnago, y frutales como perales, melocotoneros, albaricoqueros, baldre, espino albar ...
Encontramos unas 6 lombrices en total, creo que pocas, pero no está mal para que vayan haciendo su trabajo. Les pusimos nombre a dos de ellas, Terminator y Jamal, en honor a un par de perretes (cachorros) que conocimos dos días antes. Se nos olvidó echar unas bacterias que trajo una compañera... Nos hicimos unos expertos de la hazada, comimos un buen potaje de habichuelas y arroz, y dormimos como buenos huertanicos la siesta, bajo las habas, y algunos entre ortigas.
Fue un día inmejorable de trabajo, y en muy buena compañía. Ya tenemos ganas de ver cómo crecen nuestros pequeños.
Al día siguiente, íbamos a plantar lo bueno bueno, pero nos informaron de que no habría agua (si plantásemos tomates, maíz etc. se secaría si esperásemos a la semana siguiente) asi que, para aprovechar el madrugón, nos fuimos al monte. Hice de guía (¡Yo! jajaja). Intuitivamente acabamos en la Comunidad Valenciana un par de amigos y yo. Aparcamos en el pueblecillo más cercano a la falda de la montaña y a subir como si no hubiera mañana. El par de petardos no querían llegar a la cima, asi que paramos cuando encontramos unas buenas vistas. Las disfrutamos hasta que por el deber, tuvimos que abandonar aquel pequeño paraíso inclinado.