viernes, 27 de enero de 2012

Cuervo

Terminar los jodidos exámenes y... ¿qué?
Tras una fiesta mexicana llego a casa relativamente temprano, y más vacía de lo normal. Que sí, que es lo normal después de un periodo de estrés y tal... Pero no es forma de celebrarlo bebiendo una sin alcohol en un rincón de un piso lleno de gente que beben tequila (es lo suyo), partiéndose el culo... ¿Qué cojones pintaba yo allí? Casi me sentía peor por la incomodidad que pudiesen sentir ellos que por la propia. Y el caso es que era una fiesta de puta madre, todos con gorritos mejicanos, ponchos, los chicos con su bigote y todo, guacamole, fajitas, burritos, cerveza Sol (mejicana) y tequila. Tequila con su larva de picudo negro incluida.
Pues nada, por culpa de ser un muermo si no me activo con algo que me maree, allí estaba postrada en el sofá.
Al llegar aquí sólo quedaban las brasas. Y el recordatorio de que mañana tampoco será un día de descanso. Creo que me acostaré antes de acumular más negatividad.
Qué odio...

jueves, 26 de enero de 2012

...

"Con los ojos secos y sin poder cerrarlos subió las escaleras hasta su habitación, consciente de cada paso, cada escalón, cada crujir de aquellas maltratadas tablas. Su postura encorvada dibujaba una sombra siniestra en la pared, aquel cuerpo mortecino... Parecía increíble que se tuviese en pie.
Giró el pomo, y entró con la sensación de haberse transportado a un mundo paralelo en el que aquella cama tan confortable era en realidad un colchón hecho de clavos oxidados; las sábanas, un nido de serpientes entrelazadas y furiosas. La ventana tenía tantos barrotes que apenas llegaba a entrar la luz, la estantería llena de botellas de alcohol rotas, y cada rincón parecía infinito; tan oscura estaba la habitación que no se veía ninguna esquina.
Se adentró en aquel infierno sin cerrar del todo la puerta. Lo primero que vieron sus ojos fue aquella catana. Brillaba triunfante sobre la repisa de la ventana. La cogió segura de lo que pretendía hacer con ella. La limpió cuidadosamente con un trozo de tela color vino, decorado con motivos asiáticos, y se sentó en la alfombra con el arma en una mano y el retal en otro. Quedó así un buen rato, disfrutando de la empuñadura, acariciando el filo con sus delicados dedos, sintiendo el grío metal sobre las mejillas. Con una botella de licor al lado tocando sus pies, de tanto en tanto le daba un trago. Llevaba en aquella habitación casi desde que se mudó; el reptil de su interior empezaba a despellejarse.
Tras varios minutos sin decidir nada, con la mente completamente en blanco, cogió la katana, con las dos manos, la mano izquierda apretando el metal y la otra por la empuñadura. Miles de fantasmas se cruzaron entre Ayila y sus manos, y casi enloquecida, apretó aún más el arma. Apenas notaba el dolor, ni siquiera la sangre resbalar por sus rodillas.
De pronto, y justo cuando se encontraba preparada para un memoriable seppunku, Bestia se sentó entre sus piernas. La miró y lamió su mano ensangrentada.
Ayira vaciló durante unos segundos al verlo, con las manos temblorosas y la parte más aguda de la katana inmersa en su piel.
Apenas había conseguido hacer resbalar un par de lágrimas hasta la barbilla."

miércoles, 25 de enero de 2012

Mando

"Viernes, 7 de la mañana y con los ojos mirando a la nada. El último día de trabajo. Aún era de noche, entraba luz de las farolas a través de los barrotes. Bestia dormía a sus pies. Había estado recogiendo los restos de rabia que esparcía Ayira al llegar a casa, y las noches se las pasaba recorriendo su cuarto, de un lado a otro. Ayira notaba su respiracion agitada, como cabreado. Le molestaba que estuviera así, sabía que los cambios en su comportamiento se debían a ella.
Ahora lo notaba algo más tranquilo, seguramente había vuelto a entretenerse con el bongó que le trajeron de Cuba. Estaban hechos una pena, no quedaba madera donde incarle el diente.

Se quedó un buen rato mirándole hasta que vió que empezaba a amanecer. Con solo desperezarse, Bestia abrió los ojos, la observó, como escudriñando en su mirada y acto seguido bostezó. Ayila se dió cuenta de sus afilados y níveos colmillos y le envidió. Al unísono se levantaron de la cama y cada uno comenzó su rito matutino. Bestia fue tranquilamente hacia su rincón en la sala de estar y cogió la correa. Ayila se puso la vieja sudadera y buscó unos pantalones entre toda la ropa acumulada que había en el sillón. Si por ella fuera saldría tal cual... Llegó a dudarlo. Total, a esas horas no habría mucha gente esperando a que saliese, y aquellas braguitas parecían unas mallas muy cortas... 'Qué cojones'-pensó. Y únicamente se puso unas zapatillas de deporte. Se dirigió a la puerta, donde Bestia le esperaba, y le puso la fina correa. Bajó las escaleras y lo soltó. Hacia un tiempo que no se preocupaba en que no volviese, asi que volvió a entrar, se preparó su café y su cigarro y salió a esperarlo. Se quedó embobada mirando cada paso que daba, sin percatarse de quién la miraba a ella. Su vecino, que solía acostarse bastante temprano (sobre las 8 de la mañana) se había entretenido pintando aquella noche, y ahora limpiaba los pinceles en su terraza. Con la misma cara de idiota que tenía Ayila en ese momento, se quedó paralizado, casi avergonzado.
Con el último sorbo, se levantó y silbó. Bestia acudió al trote. Sintió punzadas en la espalda y al volverse, encontró a su vecino derrochando una inmensa cantidad de agua.
-¿Qué ostias pasa? - le gritó.
Temblando, cogió todos los pinceles y el bote de cristal a la vez que intentaba cerrar el grifo. Viendo las consecuencias de su actitud, Ayila abrió la puerta sin creerse lo que acababa de hacer, temía mucho por ella. Pero al girar la llave, oyó cristales romperse, y acto seguido una maldición. Eso le hizo cambiar su humor y sonrió.

Le quitó la correa a Bestia, le acarició entre las pequeñas orejas y corrió a la ducha. Se quitó la poca ropa que llevaba y al quedarse completamente desnuda vió que Bestia se había colado en el baño.
'Total... ya empezabas a oler mal'
Se duchó mientras Bestia se quedaba en el asiento de la ducha. Era una buena forma para ahorrar agua, últimamente iba algo justa de dinero.
Tras 10 minutos empapándose, secó al pequeño mustélido y lo dejó correr. Se echó aceite corporal y fue a vestirse. Pantalones negros, camisa roja y botas. Las llaves del coche y a correr.

Al llegar al trabajo, dejó sus cosas, saludó al jefe y fue al aseo. Mientras entraba, le extrañó no haber visto a Xabi en su puesto. Se miró al espejo menos de cinco segundos, se arregló la coleta y cuando se disponía a salir encontró a Xabi impidiendo su paso. Antes de poder separar sus labios para pedir una explicación, Xabi se los selló con los suyos. Ayila enrojeció de rabia, le pegó un empujón haciendo que se clavase el pomo de la puerta en los riñones y cogió fuerzas para darle un buen bofetazo. Pero sin motivo, le agarró de la camisa y continuó besándole. O tenía los labios más suaves que había besado nunca o hacía tiempo que necesitaba hacerlo. Lo guió hacia el fondo del aseo y comenzo a quitarle la camisa. Con el último botón se bloqueó, se dió cuenta de lo que estaba haciendo y mirándolo con la palabra perdón en los ojos, se acercó al espejo y se lavó la cara. Salió enfurecida, no controlaba lo que pasaba.
Volvió a pensar en ella."

sábado, 21 de enero de 2012

Naga...


"Ahora sí que estaba sola completamente. Tras la fusión no tenía nada que le hiciese sentirse incómoda, pero tampoco podía acostarse con X y dejar que la violase. Pensó que cuando terminase su trabajo, se daría unos días para destrozarse, hacerla salir e intentar razonar con ella.

X... me empieza a cansar. La llamaremos Naga. Este es el mejor dibujo que podía representarla, aunque no sea así exactamente... Su historia sí podria ser la misma.

La echaba de menos fuera de ella, sólo por las noches en las que le costaba la vida poder conciliar el sueño, o cuando tenía unos minutos libres y conseguía estar sola. A veces pensaba que era su amor fatal, que si seguía así nunca podría librarse de ella. Prefería que le consumiese la vida a ser una obeja más.


Esa tarde, el jefe le había obligado a tomarse unos días libres. Estaba orgulloso de su trabajo, y no tanto de su humor.
Desde que la contrató había sido excelente: llegaba puntual todos los días al trabajo, siempre con su sonrisa tímida, se sentaba frente al ordenador y no se levantaba hasta que le ofrecían un café. Siempre a la misma hora y siempre la misma persona. El jefe sabía que Xabi se quedó prendado de ella desde el primer día en que abrió la puerta de la oficina. No sabía por qué, era una chica de lo más corriente y habían mujeres mucho más follables y salidas trabajando con él, pero las rechazaba sin darse cuenta.
Xabi se levantaba siempre a las 10:15 de su puesto de trabajo, y se dirigía ansioso hacia Ayira. Cuando le quedaban unos 5 metros para llegar a ella, disminuía el ritmo y se acercaba sigiloso y con miedo. Le tocaba el hombro derecho, y ella dulcemente le miraba y simplemente le asentía. Cada día, con cada sonrisa pensaba lo mismo: deseaba que le sonriese con otra proposición que no fuese tomarse un descanso en horas de trabajo.
Pero desde hacía unos meses Xabi no se atrevía a tocarla. Se quedaba a un metro delante de ella, y casi susurrando la invitaba de la forma más amable posible a salir un rato a la puerta. El jefe se había fijado que a veces simplemente le ignoraba, o le decía que no sin ni siquiera mirarle a la cara. Se concentraba únicamente en la pantalla del ordenador. Entonces él tardaba menos de 10 minutos en volver a subir. Cumpliendo con el horario, se quedaba otros 10 minutos observando sus gestos, sus finas gafas y aquella coleta mal hecha, que en cualquier momento parecía que iba a deshacerse. Su ceño fruncido y su sonrisa... Parecía que la hubiese vendido.

Se quedaba hasta bien entrada la noche allí, sentada frente al ordenador o leyendo mil periódicos en la sala de la entrada con su interminable americano. El jefe pensó que esa forma de vida no iba a acabar bien, necesitaba salir de allí unos días y despejarse de tanto trabajo. También le podía haber recomendado que se pasase por su despacho y echarle un buen polvo, a ver si le cambiaba la cara, pero en el fondo la apreciaba como para hacerle tal proposición.


Ayira pensó en qué podía invertir esa semana. Si se quedaba en casa se pondría a ordenar cada rincón, lo que le parecía la mayor pérdida de tiempo. Por supuesto seguía sin apetecerle quedar con nadie, ni familia, ni amigos. Serían situaciones incómodas si decidía comportarse como un ser humano, mordiéndose la lengua y dibujando esa sonrisa tan irreal; si no, acabaría sacando lo peor de cada uno. Acabaría mal fuese como fuese. Si quedase con ella, acabaría frustrada.
Realmente le apetecía salir sola, disfrazada por si alguien se atrevía a saludarla, beber sin nada que le frenase y acabar en cualquier rincón de la ciudad. Aún le quedaba un mes para pensarlo bien."

viernes, 13 de enero de 2012

X llega a las entrañas

"A la semana siguiente cumplió con su promesa. La observó con más inquietud que ella misma, pero estática, sin dar ningún paso. Se dedicaba a imitarla. Aún así, sin decepciones, volvió a salir del baño de nuevo tranquila y de nuevo, con ganas de aguantar unos minutos más. Había llegado a acariciarla con sus gélidas manos, a presionarla contra la pared y había conseguido signos de disfrute. Deseaba encontrarse en un lugar más íntimo.

X la estaba matando. No era capaz de sentirse cómoda con la gente a su alrededor, y en realidad le gustaba sentarse en lo más alto y odiarles. O sentir indiferencia, no tenía motivos para descargar rabia sobre personas que apenas conocía. Allí arriba se presentaba desafiante y protegida. Se preparó un mate, y entre sorbo y sorbo se lió un cigarro. Esta vez no necesitaba droga alguna. A cada calada, los latidos iban haciéndose cada vez más débiles hasta que el pulso llegó a ser constante. A través de los cristales el atardecer era más borroso, le hizo pensar en aquella melena...
Cruzaba la calle a paso ligero, vestida con un uniforme recto que no dejaba intuir sus delicadas curvas. Llegó a mirarla, y le pareció la mirada más fría y triste que había visto en mucho tiempo. Se preguntó, mientras la chica andaba, cómo sería, qué y quién le esperaría al volver del trabajo y qué pensaba en ese momento. Sin esperarlo, la chica ya había llegado a la acera y le daba la espalda. No pudo evitar quedarse embobada mirando el dulce vaivén de su larga melena castaña, acabada en un tono casi rojizo. Los pitidos del coche que llevaba detrás desde que salió de casa le hizo volver a la realidad. Volvió a poner los ojos en la carretera y siguió el largo trayecto en coche. Esperaba que al día siguiente cruzase de nuevo por aquel paso de peatones, a la misma hora.

Y era la segunda persona en que se fijaba ultimamente. ¿Qué pasaba con los hombres? Había dado de lado al sexo opuesto, faltaba masculinidad en su vida. Pero pensó que no era malo, de todas formas, no se sentía representada por ninguno de los dos sexos...

Con esta calada sintió arder sus labios; miró lo poco que quedaba de tabaco y lo tiró. Tenía que volver a bajar y enfrentarse otra vez a su vida."

El viaje íntimo de la locura

"En el jardín hay un cerezo dormido, pero parece muerto. Este otoño comenzó a sentirse apático, y la dejadez se apoderó de su espíritu. La vida, cansada de verle abúlico y desastrado, decidió que lo mejor sería que se tomaran un tiempo para reflexionar sobre su relación, y se marchó de vacaciones dejándole en un estado de abatimiento que hizo que se fuera consumiendo poco a poco hasta que acabó por convertirse en lo que es ahora: el aletargado esqueleto de un cerezo; una osamenta de madera clavada al suelo, que sólo espera que regrese la vida"




Roberto Iniesta

lunes, 9 de enero de 2012

Nuevo año

Desde hace 9 días.
"Comenzó con buen pie, ya antes de dar las campanadas había conseguido mimetizarse con X, hacer un trato: X no volvería a joderla a cambio de dejarle un nicho en su piel. Y no fue mal plan. Tampoco habían demasiados cambios a cómo se encontraba antes, pero le invadía la duda de ser consciente de sus actos. Tenía la sensación de que algo se le escapaba con cada palabra que decía, con cada gesto que hacía, cada paso que daba...
Se desprendió de ataduras que le impedían moverse con naturalidad, tenía bien presente que todo puede esperar, que cualquier situación podía ser buena para disfrutarla y recordarla. Sabía que para ayudar al mundo primero tenía que construirse su fuerte.
El ejemplo de aquel viernes es perfecto para definir lo que creía que era el aspecto positivo del nuevo año, de la fusión con X. Un bar, buena compañía, y los ánimos un tanto bajos, le impulsó a decirlo.
La invitó a acompañarla al baño. Ella iba detrás, y cerró la puerta a su paso. Sin pestillo, le daba igual, no le llevaría mucho tiempo. Luego pensó en el morbo de que alguien la hubiese abierto. Se aproximó, apoyó las manos en su cintura y sin pensar en el rechazo la besó. Sabía por experiencia la suave textura de sus labios, conocía su pequeña lengua, pero después de tanto tiempo se volvió a maravillar. Quizá por la extraña experiencia, o por la acción en si. La notaba tranquila y también complacida. Era tan agradable que se hubiera pasado allí toda la noche, se arrepintió de no haber cerrado el pestillo y haberle mordido el cuello. No recordaba lo que les hizo parar, quién fue quien apartó sus labios, quizá incluso fue al unísono. Se sentía dueña de la situación, y era importante porque no acababa de salir a comprar pan ni entablar conversación mientras le echan gasolina al coche. Acababa de besar a alguien de su mismo sexo y no tuvo miedo al rechazo, ni a hacer algo que no debía. Salió de ese baño con las piernas temblorosas y con una felicidad interior grandísima. Se despidió de su gente, como normalmente, y fue a casa sin más calentamientos de cabeza.
Se prometió volver a la semana siguiente y cerrar el pestillo.

El aspecto negativo que temía era las reacciones de la gente ante sus sinceras contestaciones. Decía lo que sentía o creía en el momento, sin pensar en las consecuencias. Parecía que había bebido un brebaje que le hacía ser sincera. Era capaz de hacer daño a la gente sin ser consciente de ello.
Quizá también la prisa que últimamente tenía por hacerlo todo... Estaba en rebeldía constante con su yo pasado, que tampoco era muy diferente al actual, pero le tenía rencor por algún extraño motivo.

Sabía que tenía que frenarle los pies, sabía que era X, pero no entendía el por qué debía hacerlo si el universo seguía su ritmo hiciese lo que hiciese. "