jueves, 26 de enero de 2012

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"Con los ojos secos y sin poder cerrarlos subió las escaleras hasta su habitación, consciente de cada paso, cada escalón, cada crujir de aquellas maltratadas tablas. Su postura encorvada dibujaba una sombra siniestra en la pared, aquel cuerpo mortecino... Parecía increíble que se tuviese en pie.
Giró el pomo, y entró con la sensación de haberse transportado a un mundo paralelo en el que aquella cama tan confortable era en realidad un colchón hecho de clavos oxidados; las sábanas, un nido de serpientes entrelazadas y furiosas. La ventana tenía tantos barrotes que apenas llegaba a entrar la luz, la estantería llena de botellas de alcohol rotas, y cada rincón parecía infinito; tan oscura estaba la habitación que no se veía ninguna esquina.
Se adentró en aquel infierno sin cerrar del todo la puerta. Lo primero que vieron sus ojos fue aquella catana. Brillaba triunfante sobre la repisa de la ventana. La cogió segura de lo que pretendía hacer con ella. La limpió cuidadosamente con un trozo de tela color vino, decorado con motivos asiáticos, y se sentó en la alfombra con el arma en una mano y el retal en otro. Quedó así un buen rato, disfrutando de la empuñadura, acariciando el filo con sus delicados dedos, sintiendo el grío metal sobre las mejillas. Con una botella de licor al lado tocando sus pies, de tanto en tanto le daba un trago. Llevaba en aquella habitación casi desde que se mudó; el reptil de su interior empezaba a despellejarse.
Tras varios minutos sin decidir nada, con la mente completamente en blanco, cogió la katana, con las dos manos, la mano izquierda apretando el metal y la otra por la empuñadura. Miles de fantasmas se cruzaron entre Ayila y sus manos, y casi enloquecida, apretó aún más el arma. Apenas notaba el dolor, ni siquiera la sangre resbalar por sus rodillas.
De pronto, y justo cuando se encontraba preparada para un memoriable seppunku, Bestia se sentó entre sus piernas. La miró y lamió su mano ensangrentada.
Ayira vaciló durante unos segundos al verlo, con las manos temblorosas y la parte más aguda de la katana inmersa en su piel.
Apenas había conseguido hacer resbalar un par de lágrimas hasta la barbilla."

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