X la estaba matando. No era capaz de sentirse cómoda con la gente a su alrededor, y en realidad le gustaba sentarse en lo más alto y odiarles. O sentir indiferencia, no tenía motivos para descargar rabia sobre personas que apenas conocía. Allí arriba se presentaba desafiante y protegida. Se preparó un mate, y entre sorbo y sorbo se lió un cigarro. Esta vez no necesitaba droga alguna. A cada calada, los latidos iban haciéndose cada vez más débiles hasta que el pulso llegó a ser constante. A través de los cristales el atardecer era más borroso, le hizo pensar en aquella melena...
Cruzaba la calle a paso ligero, vestida con un uniforme recto que no dejaba intuir sus delicadas curvas. Llegó a mirarla, y le pareció la mirada más fría y triste que había visto en mucho tiempo. Se preguntó, mientras la chica andaba, cómo sería, qué y quién le esperaría al volver del trabajo y qué pensaba e
n ese momento. Sin esperarlo, la chica ya había llegado a la acera y le daba la espalda. No pudo evitar quedarse embobada mirando el dulce vaivén de su larga melena castaña, acabada en un tono casi rojizo. Los pitidos del coche que llevaba detrás desde que salió de casa le hizo volver a la realidad. Volvió a poner los ojos en la carretera y siguió el largo trayecto en coche. Esperaba que al día siguiente cruzase de nuevo por aquel paso de peatones, a la misma hora.Y era la segunda persona en que se fijaba ultimamente. ¿Qué pasaba con los hombres? Había dado de lado al sexo opuesto, faltaba masculinidad en su vida. Pero pensó que no era malo, de todas formas, no se sentía representada por ninguno de los dos sexos...
Con esta calada sintió arder sus labios; miró lo poco que quedaba de tabaco y lo tiró. Tenía que volver a bajar y enfrentarse otra vez a su vida."
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