martes, 28 de febrero de 2012

"Los días sucesivos los pasó en casa. Los dedicó a recordar, a ordenar sus pensamientos, volviendo poco a poco a la realidad.
Le fue casi imposible. Cada vez que intentaba volver atrás se topaba con el lacértido embotellado que le impedía seguir retrocediendo. Algo no iba bien, estaba claro desde hacía un tiempo, pero ahora pasaba algo con su cabeza. Había un muro difuso, que se paseaba por cualquier rincón de su cabeza y le impedía desarrollar imágenes guardadas.
Necesitaba ayuda, pero ahora tenía que contar con Naga, y ella estaba en contra de cualquier ayuda externa. Respondió ante ese pensamiento de la manera más encantadora: cogió de su despensa los polluelos de cuervo más negros, con el brillo más azul, y los alimentó con toda ternura para darles un hogar en las sábanas nevadas de Ayira.
Eran los pájaros más hermosos que había visto nunca, y sus reflejos eran hipnotizantes. La envolvieron durante una eternidad entre el plumón, y ella sin percatarse, disfrutó del aislamiento. Se sentía protegida entre las cuatro paredes, tranquila viendo las escamas que bañaban toda la habitación. y la idea de llamar a un profesional le parecía cada vez más absurda... "



Rabia




Me altera de forma desmedida la actitud de un determinado tipo de personas: las que se quejan de la mayoría de cosas que le rodean, (con sus razones que normalmente apoyo) y que se niegan a cambiar lo que no les gusta.
¿De qué sirve realmente lamentarse? ¿Te sientes mejor expresándote libremente, transmitiendo tu desprecio a los oyentes? El efecto que crean es intoxicar al que tienen al lado con su negatividad, que sienta lo que él, para luego no hacer nada para evitar la situación de la que tiene queja.
"No es que... ¿de qué serviría?";"Uno solo no hace nada en este mundo"; "¿Y qué puedo hacer yo?".
Y ante esta última frase, digas lo que digas, ya tendrá el "¡qué va! no..." golpeando su dentadura, deseando salir para estallar ante tu cara de indignación.
Si te molesta el vecino, no le calientes la cabeza a tu pareja. Normalmente si no tomas tú la iniciativa de solucionar el problema, querrán hacerlo por tí; si es así, te jodes y dejas que lo hagan.
Tras expresar tu enfado, trata de prestar atención a las recomendaciones y si tienes un par de cojones como para ser autosuficiente, harás algo para cambiarlo.
De verdad, de verdad que dan ganas de coser bocas.

sábado, 25 de febrero de 2012

Me he vuelto a enamorar


Je Veux, ZAZ
Donnez moi une suite au Ritz, je n'en veux pas !

Des bijoux de chez CHANEL, je n'en veux pas !
Donnez moi une limousine, j'en ferais quoi ? papalapapapala
Offrez moi du personnel, j'en ferais quoi ?
Un manoir a Neufchatel, ce n'est pas pour moi.
Offrez moi la Tour Eiffel, j'en ferais quoi ? papalapapapala

Refrain:
Je Veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur, ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur, moi j'veux crever la main sur le coeur papalapapapala allons ensemble, découvrir ma liberté, oubliez donc tous vos clichés, bienvenue dans ma réalité.

J'en ai marre de vos bonnes manières, c'est trop pour moi !
Moi je mange avec les mains et j'suis comme ça !
J'parle fort et je suis franche, excusez moi !
Finie l'hypocrisie moi j'me casse de là !
J'en ai marre des langues de bois !
Regardez moi, toute manière j'vous en veux pas et j'suis comme çaaaaaaa (j'suis comme çaaa) papalapapapala

Refain x3:
Je Veux d'l'amour, d'la joie, de la bonne humeur, ce n'est pas votre argent qui f'ra mon bonheur, moi j'veux crever la main sur le coeur papalapapapala Allons ensemble découvrir ma liberté, oubliez donc tous vos clichés, bienvenue dans ma réalité !

viernes, 24 de febrero de 2012

viernes, 10 de febrero de 2012

Buscando un rincón

De nuevo viernes. Para variar pongo una escusa para no seguir con la rutina, y me concedo un rato de libertad. He cogido al perraco y me he dedicado a andar sin prisa, dejándome llevar por el río de asfalto... Y me he topado con mi futuro terreno. Siempre me había imaginado viviendo entre esos pinos y chopos. Las puestas de sol desde una buhardilla ahí tiene que ser un lujo.

A la vuelta, me he dedicado a buscar un buen rincón donde dar una última calada, desde donde pueda disfrutar de los pocos rayos de sol que quedaban. Cada vez bajaba más, y temía no alcanzarlo. Cavilé al toparme con una higuera en subirme, desde arriba se vería mejor. No era lo suficientemente alta. Terminé el camino sin esperanza de encontrar un rincón soleado.
Descubrí un terreno cerca de casa, labrado. Caminar por él era volver a la infancia. Lo atravesé y me senté frente al sol. Dejé al golfillo en libertad, me encendí un cigarro.

Un soplo de aire fresco tras una mañana de estrés, con el sonido de chovas revoloteando y la compañía de un petirrojo urgando en el cultivo...

martes, 7 de febrero de 2012

Huellas

Sois un trozo de mi. Mis pensamientos hechos personas de carne y hueso. Me marcáis, y una sonrisa vuestra en un determinado momento puede hacer que me alegre de estar aquí.
Gracias.

lunes, 6 de febrero de 2012

"Estuve corriendo durante varios minutos bajo la lluvia, sin saber dónde ir. Mis botas golpeaban con fuerza a cada paso, y miraba hacia atrás, con miedo a que alguien me persiguiera. No había nadie por la gran avenida, el cielo pintado de gris, empezaba a oscurecerse cada vez más. Los balcones eran demasiado estrechos como para cubrirse, además, el aire hacía imposible el aislarse por completo del agua.
En realidad me encantaba correr bajo la lluvia. Siempre me ha gustado, el paraguas es el objeto más inútil que poseo. Al llegar a la plaza, me invadió la niña que no salía desde hacía mucho. No había nadie, solo alguna que otra persona corriendo bajo un paraguas o el periódico, como si lo que caía del cielo fueran piedras o cuchillos afilados. Me parecían tan idiotas... Nadie se percataba de mi existencia en
ese lugar, al igual que hacía algún tiempo, y decidí pararme allí a refrescarme tranquilamente. Me senté en un banco, y me quité el calzado. Comprobé con mi pie derecho la madera húmeda, me hizo sonreir, y usé la posición de medio loto para relajarme, mirando hacia arriba.
Oía a gente susurrar palabras como "loca" y sinónimos, incluso llegaron a decir "indigente". No podía evitar reir con esos comentarios. Al rato, comprobé que ya no paseaba nadie, seguía lloviendo. Estaba completamente sola. Fui entonces consciente, estaba completamente sola, no tenía a nadie que me esperase, que me echara de menos. Y sin embargo, estaba bien.
En ese instante noté la presencia de alguien. Me tapó los ojos. No tenía ni idea de quien podría ser, pero no me importaba no conocerle. Me giré y su mirada me atrapó. Sabía que le conocía, pero estaba tan fuera de la realidad que no busqué en mi memoria. Al ver mi car
a confusa entre asombro y una alegría inocentona, sonrió levemente y se sentó a mi lado, dejando también sus pies desnudos. Cogió mi mano y me besó en la mejilla. Me dejó helada, sin poder dejar esos ojos... Eran tan oscuros... O quizá su pupila estaba demasiado dilatada. Me desnudaban sutilmente, y yo disfrutaba aun estando hipnotizada e incapaz de moverme.
Percibí una luz de melancolía en su boca. Volví a quedarme embobada hasta que oí su voz:
- ¿Por qué no paras de mirarme?
-Tenía curiosidad por cómo serían tus dientes.
Me miró confuso y luego sonrió. Tenía unos colmillos que destacaban entre toda la dentadura, blancos impolutos. Seguía lloviendo.
-Ahora quiero ver como se hunden en mi piel.
Ante el agresivo comentario, dejó la sonrisa a un lado y me arrastró con él. Cogí mis botas casi al vuelo y corrimos, descalzos, hacia su piso.
Al cerrar la puerta me acarició la cara y me besó en los labios. Era tan delicado que me cabreó. Le aparté las manos y le mordí el labio. Entonces comprendió, y se dejó llevar. Llegamos a
l salón esquivando la ropa que dejábamos por el suelo, entre besos, lametones y mordiscos. La decoración de su piso era un popurrí de toda su vida: máscaras africanas decoraban las paredes, posters de la generación X, miles de discos, algún que otro juguete de hojalata, espanta sueños... Me tumbó en el sofá y me quitó el sujetador sin despegarse de mis labios. Hizo realidad mi fantasía e hincó sus colmillos en mi cuello, lo que hizo que soltase un sonido mezcla de dolor y placer. Recorrió mi cuerpo desde el cuello hasta la ingle, marcando el camino con su respiración agitada. Me mordió el muslo, y a partir de ese momento perdí la conciencia.
Recuerdo escenas... Sus brazos fuertes en el primer momento en que me penetró y su gemido de satisfacción, sus suaves manos acariciando mis senos, las mías arañando su espalda, su torso húmedo, mezcla de agua y sudor, su lengua me hacía perder el sentido, mi boca ansiaba morder, absorber...

***
Acabamos exhaustos, y sin saber cómo, en la cama. Cuando recobramos el aliento, al unísono, nos incorporamos. Mirándonos extrañados nos pusimos algo de ropa, él unos pantalones y yo una chaqueta. Cada uno cogió un pitillo, por separado. Nos encontramos en el balcón, y me ofreció fuego, sonriendo. Fumamos en silencio, y entramos por el salón. Miré a mi alrededor con mayor atención que la primera vez, y me senté frente a un tablero de ajedrez.
-Enséñame a jugar.
Me miró amablemente y se sentó frente a mi. Comenzó a explicarme las reglas básicas del juego, me introdujo un poco en su historia.
Pasamos la noche entre damas y alfiles, vino, sábanas y lametones."

viernes, 3 de febrero de 2012

Resaca

"No recordaba nada del día anterior. Sin abrir los ojos intentó volver a la inconsciencia de su sueño, pero cada vez se hacía más difícil. Comenzó a contactar con la realidad gracias a una extraña sensación de gusto u olor a sangre, costaba diferenciarlo. Abrió los ojos poco a poco, le dolían, y recorrió la habitación desde sus manos ensangrentadas hasta el techo amarillento. Volvió al punto de partida sin creerse aún la escena de la noche anterior, y esta vez realizó un trayecto horizontal, topándose con Bestia, que dormía plácidamente cercano a su vientre. Parecía sonreir, con los pequeños bigotes granates de sangre, al igual que la barbilla.

La resaca le impedía levantar la cabeza del suelo, y las heridas en sus manos parecían abrirse cada vez más a medida que iba recordando escenas. Recordó a Xabi, mentira. Recordó sus ojos y sus labios inquietos. Sus manos escurridizas desabrochando cada prenda de ropa. Recordó una cicatriz, una mancha de nacimiento, pero no a él. El sofá de la entrada destrozado, periódicos que anunciaban tragedias por el suelo, y una botella de Jack Daniels abandonada.
Vino a su mente una noche negra, árboles con siniestras ramas que parecían quererla atrapar; a ella misma huyendo tontamente de los troncos secos, una luna que bañaba todo excepto aquel bosque del infierno.
Se vió atada y amordazada a una silla. Los ojos apretados y una mano grande y firme tirando de su larga cabellera hacia atrás.

En este momento paró asustada. Sabía que esa noche no se correspondía con la del día anterior, ni si quiera la escena erótica con Xabi; ese bosque fue talado hacía 15 años, y llevaba unos 4 días sin pisar el trabajo. No quería seguir con ese método para hallar el motivo de sus futuras cicatrices, y menos averiguar de dónde procedía la última imagen.

Decidió solucionar primero los problemas físicos que podía advertir. Se levantó ayudándose de sus codos y usó el alcohol de la misma botella de la que bebió 12 horas antes para curar sus heridas. Creyó ver incluso vapores que emanaban de la herida en contacto con el líquido desinfectante. Gimió de dolor, y su propio sonido fue el que la encabronó. Miró a Bestia para serenarse; pasó un buen rato hasta que cambió su gesto de fiera dolorida, devolviéndole el inocente animal la mirada. Cogió el retal de tela asiática, lo empapó de alcohol y limpió el pelaje parduzco de Bestia.

Sonó entonces el teléfono. No tenía la intención de correr para cogerlo. Prefirió observarlo sentada en su rincón, sin mover un solo músculo por temor a que percibiese la persona que llamaba que Ayira estaba allí.


Al otro lado del teléfono, un rostro sombrío esperaba paciente el primer tono, el segundo intentó contenerse, el tercero empezó a escupir rayos por la boca.
- Maldita zorra... Seguro que está follándose a alguna hija de puta. ¡Dios, qué asco me da! Enferma mental... Ha salido a su madre, seguro. Esa si que era buena, se las tragaba de dos en dos. ¡Pero coge el puto teléfono!
Y acto seguido se esnifó la última raya de coca que le quedaba.

A los diez minutos, Ayira decidió levantarse y dejar atrás tantísimos fantasmas. Abrió ventanas, quitó sábanas, incluso la alfombra, y eliminó cualquier resquicio de aquella noche. Excepto la hermosa katana. La limpió con sumo cuidado, sorprendiéndose otra vez de su brillo intenso, pero con una sensación agria en el estómago. Relucía a la vez que sus heridas ardían.

Necesitaba salir y tener contacto con alguien, pero temía que le preguntasen por sus manos. Se lo pensó mejor. Se desnudó y fue a observarse las marcas al espejo del baño. Todos sus dedos cortados, y recordó sus manos acariciando la katana; el antebrazo izquierdo, donde apoyó el filo para observar el mango; la cara... la muy idiota sentía alivio con el metal en las mejillas; y la peor, el estómago. La sangre había recorrido su delicada piel hasta llegar al ombligo. Notó la katana atravesar su estómago y encontrar la luz al otro lado de su tronco. Apretó los ojos como en la escena recordada, y dejó salir agua del grifo hasta llenar la bañera.
Un baño rosado por la resaca de una katana..."

miércoles, 1 de febrero de 2012

Escapada


Sumamente irritada. La magia desapareció a los 20 minutos de llegar a Murcia, a los 5 de estar en casa. Como si les envidiara las experiencias que llevo dentro y prefiriesen que me decepcionase, o lo que es más triste, que no les importase lo que haya vivido estos 3 días.
Vengo cargada de aire limpio, de tranquilidad, de ansias de naturaleza y de destrozarme subiendo montes. De ganas de dejar de fumar para poder caminar tanto sin recordar la limitación de mi cuerpo, de volver a tener 3 días para salir otra vez a pasar frío si es necesario, de dormir presionada por tanta manta, y despertarme con agujetas por dormir 4 horas del mismo lado y en posición fetal obligada, le levantarme a las 6 y media, de hielo en la parte interna de las ventanillas del coche. De asomarme y ver un patio soleado, a tu amiga corriendo con las toallas blancas alrededor de un pozo y a otro amigo tras ella (pintado de tiza amarilla y gritando "no al cáncer"). De sentirme minúscula ante paisajes tan inmensos, y desplegar las alas con la cabeza hacia el cielo respirando profundamente, de arañarme las entrañas con la maleza seca, de ansiar ser pájaro, de pensar "bimbo" 20 veces al día, de abrazar a mis compañeros sin motivos, de dormir mejor en coche que en casa, de no tener llamadas perdidas, de desayunos silenciosos en los que sólo se oye el crujir de las galletas, las narices congestionadas, y compartido el sueño y cansancio. De horas y horas de coche, de que todo sea de todos, de duchas fugaces, de bragas en el cubo de la fregona (dios... xD), de cenas de pizza en microondas y documental... Y seguiría así hasta contar cada detalle.

La mayor droga que puedes experimentar es oir la nada, ni un solo ruido, sólo el latir en tus oidos, y poder compartirlo, saber que alguien está sintiendo lo mismo que tú en el mismo instante, casi mejor que el correrse a la vez, que siempre puede ser fingido. Hace que detestes la televisión, las llamadas telefónicas te parecen absurdas, las prisas, las ya odiadas manecillas del reloj, el móvil que sólo servía para determinadas fotografías, como alarma o para hacer el idiota grabando el sonido que hace tu cámara al encenderse.
Han sido tres días apenas, y no han sido los días en que más he abierto la boca y he reido, pero los alargaría mucho más.

Necesito salir, llevo 4 horas de retraso ya... No quiero que se esfume esta sensación. No quiero que se borre esta herida.