miércoles, 1 de febrero de 2012

Escapada


Sumamente irritada. La magia desapareció a los 20 minutos de llegar a Murcia, a los 5 de estar en casa. Como si les envidiara las experiencias que llevo dentro y prefiriesen que me decepcionase, o lo que es más triste, que no les importase lo que haya vivido estos 3 días.
Vengo cargada de aire limpio, de tranquilidad, de ansias de naturaleza y de destrozarme subiendo montes. De ganas de dejar de fumar para poder caminar tanto sin recordar la limitación de mi cuerpo, de volver a tener 3 días para salir otra vez a pasar frío si es necesario, de dormir presionada por tanta manta, y despertarme con agujetas por dormir 4 horas del mismo lado y en posición fetal obligada, le levantarme a las 6 y media, de hielo en la parte interna de las ventanillas del coche. De asomarme y ver un patio soleado, a tu amiga corriendo con las toallas blancas alrededor de un pozo y a otro amigo tras ella (pintado de tiza amarilla y gritando "no al cáncer"). De sentirme minúscula ante paisajes tan inmensos, y desplegar las alas con la cabeza hacia el cielo respirando profundamente, de arañarme las entrañas con la maleza seca, de ansiar ser pájaro, de pensar "bimbo" 20 veces al día, de abrazar a mis compañeros sin motivos, de dormir mejor en coche que en casa, de no tener llamadas perdidas, de desayunos silenciosos en los que sólo se oye el crujir de las galletas, las narices congestionadas, y compartido el sueño y cansancio. De horas y horas de coche, de que todo sea de todos, de duchas fugaces, de bragas en el cubo de la fregona (dios... xD), de cenas de pizza en microondas y documental... Y seguiría así hasta contar cada detalle.

La mayor droga que puedes experimentar es oir la nada, ni un solo ruido, sólo el latir en tus oidos, y poder compartirlo, saber que alguien está sintiendo lo mismo que tú en el mismo instante, casi mejor que el correrse a la vez, que siempre puede ser fingido. Hace que detestes la televisión, las llamadas telefónicas te parecen absurdas, las prisas, las ya odiadas manecillas del reloj, el móvil que sólo servía para determinadas fotografías, como alarma o para hacer el idiota grabando el sonido que hace tu cámara al encenderse.
Han sido tres días apenas, y no han sido los días en que más he abierto la boca y he reido, pero los alargaría mucho más.

Necesito salir, llevo 4 horas de retraso ya... No quiero que se esfume esta sensación. No quiero que se borre esta herida.

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