viernes, 3 de febrero de 2012

Resaca

"No recordaba nada del día anterior. Sin abrir los ojos intentó volver a la inconsciencia de su sueño, pero cada vez se hacía más difícil. Comenzó a contactar con la realidad gracias a una extraña sensación de gusto u olor a sangre, costaba diferenciarlo. Abrió los ojos poco a poco, le dolían, y recorrió la habitación desde sus manos ensangrentadas hasta el techo amarillento. Volvió al punto de partida sin creerse aún la escena de la noche anterior, y esta vez realizó un trayecto horizontal, topándose con Bestia, que dormía plácidamente cercano a su vientre. Parecía sonreir, con los pequeños bigotes granates de sangre, al igual que la barbilla.

La resaca le impedía levantar la cabeza del suelo, y las heridas en sus manos parecían abrirse cada vez más a medida que iba recordando escenas. Recordó a Xabi, mentira. Recordó sus ojos y sus labios inquietos. Sus manos escurridizas desabrochando cada prenda de ropa. Recordó una cicatriz, una mancha de nacimiento, pero no a él. El sofá de la entrada destrozado, periódicos que anunciaban tragedias por el suelo, y una botella de Jack Daniels abandonada.
Vino a su mente una noche negra, árboles con siniestras ramas que parecían quererla atrapar; a ella misma huyendo tontamente de los troncos secos, una luna que bañaba todo excepto aquel bosque del infierno.
Se vió atada y amordazada a una silla. Los ojos apretados y una mano grande y firme tirando de su larga cabellera hacia atrás.

En este momento paró asustada. Sabía que esa noche no se correspondía con la del día anterior, ni si quiera la escena erótica con Xabi; ese bosque fue talado hacía 15 años, y llevaba unos 4 días sin pisar el trabajo. No quería seguir con ese método para hallar el motivo de sus futuras cicatrices, y menos averiguar de dónde procedía la última imagen.

Decidió solucionar primero los problemas físicos que podía advertir. Se levantó ayudándose de sus codos y usó el alcohol de la misma botella de la que bebió 12 horas antes para curar sus heridas. Creyó ver incluso vapores que emanaban de la herida en contacto con el líquido desinfectante. Gimió de dolor, y su propio sonido fue el que la encabronó. Miró a Bestia para serenarse; pasó un buen rato hasta que cambió su gesto de fiera dolorida, devolviéndole el inocente animal la mirada. Cogió el retal de tela asiática, lo empapó de alcohol y limpió el pelaje parduzco de Bestia.

Sonó entonces el teléfono. No tenía la intención de correr para cogerlo. Prefirió observarlo sentada en su rincón, sin mover un solo músculo por temor a que percibiese la persona que llamaba que Ayira estaba allí.


Al otro lado del teléfono, un rostro sombrío esperaba paciente el primer tono, el segundo intentó contenerse, el tercero empezó a escupir rayos por la boca.
- Maldita zorra... Seguro que está follándose a alguna hija de puta. ¡Dios, qué asco me da! Enferma mental... Ha salido a su madre, seguro. Esa si que era buena, se las tragaba de dos en dos. ¡Pero coge el puto teléfono!
Y acto seguido se esnifó la última raya de coca que le quedaba.

A los diez minutos, Ayira decidió levantarse y dejar atrás tantísimos fantasmas. Abrió ventanas, quitó sábanas, incluso la alfombra, y eliminó cualquier resquicio de aquella noche. Excepto la hermosa katana. La limpió con sumo cuidado, sorprendiéndose otra vez de su brillo intenso, pero con una sensación agria en el estómago. Relucía a la vez que sus heridas ardían.

Necesitaba salir y tener contacto con alguien, pero temía que le preguntasen por sus manos. Se lo pensó mejor. Se desnudó y fue a observarse las marcas al espejo del baño. Todos sus dedos cortados, y recordó sus manos acariciando la katana; el antebrazo izquierdo, donde apoyó el filo para observar el mango; la cara... la muy idiota sentía alivio con el metal en las mejillas; y la peor, el estómago. La sangre había recorrido su delicada piel hasta llegar al ombligo. Notó la katana atravesar su estómago y encontrar la luz al otro lado de su tronco. Apretó los ojos como en la escena recordada, y dejó salir agua del grifo hasta llenar la bañera.
Un baño rosado por la resaca de una katana..."

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