
Me altera de forma desmedida la actitud de un determinado tipo de personas: las que se quejan de la mayoría de cosas que le rodean, (con sus razones que normalmente apoyo) y que se niegan a cambiar lo que no les gusta.
¿De qué sirve realmente lamentarse? ¿Te sientes mejor expresándote libremente, transmitiendo tu desprecio a los oyentes? El efecto que crean es intoxicar al que tienen al lado con su negatividad, que sienta lo que él, para luego no hacer nada para evitar la situación de la que tiene queja.
"No es que... ¿de qué serviría?";"Uno solo no hace nada en este mundo"; "¿Y qué puedo hacer yo?".
Y ante esta última frase, digas lo que digas, ya tendrá el "¡qué va! no..." golpeando su dentadura, deseando salir para estallar ante tu cara de indignación.
Si te molesta el vecino, no le calientes la cabeza a tu pareja. Normalmente si no tomas tú la iniciativa de solucionar el problema, querrán hacerlo por tí; si es así, te jodes y dejas que lo hagan.
Tras expresar tu enfado, trata de prestar atención a las recomendaciones y si tienes un par de cojones como para ser autosuficiente, harás algo para cambiarlo.
De verdad, de verdad que dan ganas de coser bocas.
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